«Esta obra la hizo la villa de Pesquera de Duero. Año 1630». Durante el siglo XVII y 1ª mitad del XVIII la población experimenta un periodo de auge que se materializa en la ejecución de importantes obras: en 1629 la ermita del Santo Cristo, la construcción de la nueva iglesia parroquial, cuya puerta de la plaza se finaliza en 1638, en 1726 el santuario de Nª Sª de Rubialejos y diez años más tarde la de San Sebastián. Dentro de esta época de bonanza se encuadra la monumentalización de la puerta de entrada a la villa. Pesquera no contaba con una muralla como tal, pero sí con una cerca que se formaba con la construcción de los edificios sin huecos entre ellos, que conformaban una estructura urbana cerrada, y que solo permitía el paso en determinados puntos, el principal «el arco», que se remata en 1630 según inscripción que acompaña al escudo de la familia de los Zúñiga (duques de Béjar), señores de la villa. Este escudo está orlado con cadena de ocho eslabones, recuerdo de la participación de este linaje en la batalla de las Navas de Tolosa, banda cruzada y la corona ducal por encima. La puerta se abría a los antiguos caminos Real y de Palencia, las vías de comunicación más importantes de la época. El primero comunicaba con Valladolid, la capital provincial, y el segundo con la ciudad de la que la villa dependía en lo eclesiástico. El arco también ha tenido una función social, espacio de reunión masculina, parada obligada para la conversación sobre lo acontecido durante la jornada o la semana, a la vez que se contemplaba el tránsito de propios y forasteros.