HISTORIA




Historia
Pesquera de Duero nació a orillas del río en una fecha indeterminada de la Edad Media, en un territorio ya ocupado desde la Prehistoria. Uno de los hitos más determinantes de ese periodo es el nacimiento de un barrio alfarero en el pago de Carralaceña, asociado a la ciudad vacceo-romana de Pintia. En la Edad Media, probablemente entre los siglos XI-XII y dentro del proceso repoblador de la zona del Duero que se produjo en torno a las villas de Curiel y Peñafiel, surge la población asociada de la Comunidad de Villa y Tierra de esta última población. A finales del siglo XIV, Pesquera (al igual que Peñafiel y sus otros lugares) deja de ser sitio de realengo para pasar a la jurisdicción del señorío de los Duques de Béjar. Entre los siglos XVII y XVIII la villa experimenta un momento de auge que se traduce en la construcción de la nueva iglesia, del santuario de Nuestra Señora de Rubialejos, de las ermitas del Santo Cristo y San Sebastián, de la reforma de la de San Pedro y la monumentalización de la puerta de entrada a la villa. A finales del siglo XX y principios del XXI se consolida una nueva etapa del devenir histórico de la población ligada al auge de los vinos de la D.O. Ribera del Duero, entre los cuales la localidad tiene enorme proyección con gran número de bodegas.
Trama
El primitivo núcleo urbano tiene forma ovalada al quedar delimitado al este por el Duero y al norte y sur por dos profundas vaguadas. Por la primera, la del «batán», desaguaba el ramal principal del arroyo de Piñel. Este espacio fue rellenado y explanado en el último cuarto del siglo XX. Por la hondonada del lado sur ahora discurren las aguas del reguero tras su desvío también en la centuria pasada. El callejero muestra una disposición irregular, como es habitual en los núcleos antiguos, con una articulación de las calles en retícula desigual y tres espacios abiertos: la plaza mayor en el centro, donde se encuentra la iglesia y el ayuntamiento, y las plazuelas del Postigo al oeste y del Cura al este. Aunque la población no contaba con muralla, su estructura urbana era muy cerrada, con construcciones continuas que formaban una cerca y las viviendas orientadas hacia el interior. Por tanto, la población solo contaba con cuatro accesos: «el arco», que era la entrada principal, la de la calle de las Tercias, por dónde discurría un segundo ramal del arroyo, la de la plazuela del Postigo al oeste y la de las Eras al sur. En el s. XIX se abre una nueva salida por la calle del Cazo cuando el ayuntamiento derribó la construcción que cerraba el paso. En el exterior del recinto primitivo se fueron estableciendo construcciones secundarias (corrales, pajares, lagares…) que desde el siglo XVIII se van reconvirtiendo en viviendas al ampliarse la población. Así surgen la calle Nueva entre el núcleo primigenio y las eras, el Arrabal distribuido en torno a la carretera de Piñel y las casas que nacen junto al Camino Real. En las calles Sacristía, Eras y Cazo se conservan varios escudos nobiliarios en viviendas cuya construcción denota el abolengo de sus primitivos habitantes. Estos blasones remiten a fechas del siglo XVIII o principios del XIX.
